9/9/09

Matías volvió a ser titular en River

En su centenario con la camiseta de River, Almeyda recuperó y recuperó, pero no alcanzó. Empezó de 8, pasó de doble 5, aguantó los 90´ y fue de lo poco rescatable.
Gorosito suele decir que los jugadores se ponen y se sacan solos. Muy bien. Aquí, una excepción, entonces. Porque a Paniagua lo sacó Almeyda.

El Pelado y sus pulmones, Matías y su experiencia, Jesús y sus 100 partidos con la Banda, todos juntos, evidenciaron en apenas un tiempo que el paraguayo estaba de más en la cancha. Por presencia y despliegue, el que empezó de 8, el Súper 8 vendría a ser, terminó de 5. Y al 5, por ende, no le quedó otra que sentarse en el banco.

El errático Almeyda de los primeros minutos se fue transformando en el exclusivo recuperador confiable del medio de River y, con el nerviosismo del inicio hecho trizas, se animó a cambios de frente y a pases profundos, también a un bombazo que se proclamó como lo más peligroso del equipo de Pipo durante el primer tiempo. La amarilla que se ligó el Pelado, por un agarrón a Zelaya con el último aliento y al borde del área, bien podría ser una postal de que, a los 35 años, el cuerpo ya no le da para estos trotes. Sin embargo, sería una postal más que injusta, porque que haya sido en una jugada por la orilla opuesta a la que él debía cubrir explica el desorden general y los huecos crónicos de una defensa indefendible.

El muchacho de Azul recibió la grata sorpresa de que a última hora llegó su familia al Gigante. Y enseguida se tropezó con otra sorpresa, nada agradable ésta, de que en este River deberá correr más que cuando tenía 20 años. Ya en el ST se repartió la cancha con Barrado y, jugado por jugado, perdido por perdido, quedó un tanto expuesto al vértigo de los pibes de Central. Eso sí, el Pelado jamás dio la sensación de que sus piernas no podían levantarse del suelo: aguantó los 90 con bastante más que dignidad y cuando debió cambiar el aire, su experiencia le hizo el aguante. De ejemplo sirve la acción del tole-tole del final: mientras todos buscaban a quién pegarle, él mandaba a todos a su lugar para no perder el poco tiempo que quedaba.

Almeyda volvió en un mar de dudas. Demostró que puede ayudar. Ahora... ¿A él quién lo ayuda?

Duente: Diario Olé

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